Desarrollo Sostenible y
el Ordenamiento Territorial.
Sebastian Chancusi | MOT102 Teorías del Desarrollo
La planificación territorial ha sido uno de los instrumentos de mayor
alcance utilizado por los países latinoamericanos para intervenir sobre los territorios,
especialmente los planes de ordenamiento territorial. Dichos planes comenzaron
a implementarse desde los años ochenta enfocados, en algunos países, a la
planificación física espacial con énfasis urbanístico, en otros a la
planificación física con énfasis ambiental en distintos ámbitos territoriales y
en otros a la planificación socioeconómica, con énfasis urbano o económico,
pero en los últimos diez años algunos países latinoamericanos han experimentado
cambios significativos en el enfoque e instrumentos del ordenamiento
territorial. Tales cambios son notables en intervenciones sectoriales en el
marco del desarrollo sostenible, que constituye las base del Desarrollo
Territorial Sostenible. Se busca con dichos cambios la construcción de un orden
social y territorialmente cohesionado y justo, ambientalmente sostenible,
democrático y culturalmente diverso.
En una perspectiva global, al antecedente más significativo de los
cambios observados en las políticas de ordenamiento y desarrollo de los países
de América Latina lo constituye la estrategia de desarrollo sostenible
planteada, en 1991, por la Comisión de Desarrollo y Medio Ambiente para América
Latina y El Caribe. Dejando claro que el ordenamiento territorial es un
instrumento del desarrollo sostenible que debe articularse con las otras líneas
maestras para generar un orden territorial ambiental y socioeconómicamente
sostenible. De este modo, el desarrollo sostenible exige, además del
ordenamiento territorial, cambios en el modelo de desarrollo económico y social
de manera que exista una distribución social de la riqueza que contribuya a la
erradicación de la pobreza. Asimismo, plantea la necesidad del aprovechamiento
sostenible de los recursos naturales, a partir de estrategias de ordenación de
cuencas, mejoramiento de las prácticas productivas agropecuarias, racionalidad
ecológica de la agricultura y una agenda ambiental centrada en cambios en uso
del suelo.
En la Republica del Ecuador, mi país de residencia, la visión
territorial del desarrollo cobró un gran impulso, con la promulgación de la
nueva Constitución Política en el año 2008 y la formulación y ejecución del
Plan Nacional para el Buen Vivir 2009-2013. Consagró el deber del Estado de
“Planificar el desarrollo nacional, erradicar la pobreza, promover el
desarrollo sustentable y la redistribución equitativa de los recursos y la
riqueza, para acceder al Buen Vivir” (Constitución, Art. 3). El concepto del
“Buen Vivir” constituye una ruptura con la concepción de crecimiento económico
impuesto por el modelo económico neoliberal dominante en la mayoría de los
países latinoamericanos y crea condiciones apropiadas para la implementación
del Desarrollo Territorial Sostenible. Desde el concepto de “Buen Vivir”, el
desarrollo se entiende no a costa de la naturaleza sino en armonía con ésta,
lo cual implica un replanteamiento de la relación sociedad-naturaleza, que,
para ser sustentable, debe otorgarles a las demás especies el mismo derecho a
la vida que se le otorga a los seres humanos.
La Constitución Ecuatoriana asigna a la planificación el objeto de
propiciar la equidad social y
territorial, y promover la concertación para lo cual debe ser participativa,
descentralizada, desconcentrada y transparente (Constitución, Art. 275). Estas
acciones se orientarán hacia el deber primordial del Estado de erradicar la
pobreza, promover el desarrollo sustentable y redistribuir equitativamente los
recursos y la riqueza, como condiciones fundamentales para alcanzar el “Buen
Vivir” (Constitución, Art. 3). Todo ello, con la participación activa y
protagónica de los ciudadanos en la toma de decisiones, en la formulación de
políticas y en la gestión de los asuntos públicos. Con apoyo de una planificación territorial
articulada y participativa, el Gobierno ecuatoriano quiere inducir un nuevo
modelo territorial policéntrico para el “Buen Vivir”, el cual va de la mano de
una nueva cultura institucional (gobernanza territorial), basada en la
cooperación y la coordinación, para lo cual se pasa de la planificación sectorial
a la planificación por objetivos en la que se privilegian “las articulaciones
entre las áreas social, productiva, cultural y ambiental, a fin de construir
una visión de la política pública como un todo estructurado” (República del
Ecuador, 2009).
El Desarrollo Territorial Sostenible como concepto, como política
pública y como estrategia de desarrollo puede contribuir a la
territorialización de las nuevas visiones de desarrollo que están
construyéndose, y con ello, ayudar a superar la concepción sectorial,
fragmentada y excluyente del desarrollo y de la gestión territorial, para
adoptar una más sistémica, en la que las políticas económicas, sociales,
ambientales y territoriales se integren a partir del territorio como elemento
articulador y agente activo, guiado por principios de desarrollo humano
sostenible, inclusión social, equidad territorial, gobernanza democrática y
sostenibilidad ambiental. Solo de este modo es posible enfrentar con mayores
posibilidades de éxito la problemática ambiental y socio territorial que
enfrentamos hoy, la cual le plantea a la sociedad la necesidad de reinventar
nuestro actual modo de vida para enfrentar el desafío de solucionar los
complejos problemas de adaptación al cambio climático, la prevención de
desastres, la recuperación y mantenimiento de las condiciones ambientales
propicia para una vida larga y saludable de todos los seres vivos y la
superación de la pobreza, la exclusión social y la fragmentación territorial.
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