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Conceptual: artículo
BIG DATA escrito por Amoroso Fernández, Yarina; Costales Ferrer, Dévorah.
Planeación
participativa: herramientas para el desarrollo local en comunidades rurales.
Fernando Korstanje.
La globalización está generando una desprotección
social y una identificación local que se expresan en nuevas demandas a las
instituciones locales, las cuales se ven abocadas a reformular sus funciones y
a buscar mecanismos de articulación con los otros niveles de la administración
pública y con los agentes sociales. Desde la aceptación de la inevitabilidad
del modelo de globalización capitalista y de la consiguiente competencia entre
ciudades, la administración pública local se ve enfrentada al reto de
compatibilizar la promoción del crecimiento económico y la amortiguación de los
problemas de exclusión social y de inseguridad ciudadana.
La fórmula más extendida y dominante de
enfrentar este reto es la planificación estratégica. En efecto, todas las
ciudades con pretensiones de inserción en la red global han acometido
importantes actuaciones estratégicas para reestructurar sus espacios, con el
fin de responder a las demandas de una economía globalizada y competitiva, y
para favorecer la localización en ellas de las funciones que les otorguen un papel
en ese sistema regional e internacional de ciudades. Un proceso de desarrollo
donde la conceptualización/ideología de la globalización promueve la aplicación
de planes estratégicos que, paralelamente, mitiguen las consecuencias sociales
negativas.
Planeación Estratégica
La planificación estratégica aparece como punto
intermedio entre la planificación tradicional, por un lado, y las iniciativas
puntuales de tipo económico privado, sean de origen local o internacional, por otro.
Vendría a responder a la detección de cinco retos principales, que desglosan
los dos grandes retos: aumento de la competitividad de la ciudad y mitigación
de los efectos sociales negativos, a los cuales se ven abocados los gobiernos
locales. Estos desafíos se refieren a una nueva articulación económica
competitiva, infraestructura urbana, "calidad de vida", integración
social y gobernabilidad, aunque en la práctica todos ellos se supediten al
objetivo dominante de competitividad en el marco de una economía global.
Según estos Jordi Borja y Manuel Castells,
podemos concebir la planificación estratégica como una planificación integral
para el desarrollo económico y social de un territorio, para lo cual se parte
de un análisis/diagnóstico de la situación, se propone un modelo deseado de
territorio y se fijan objetivos a través de un sistema de participación. El
plan señala las líneas claves de actuación, fomenta la acción conjunta y
consensuada de los principales agentes económicos y políticos y trata de
conseguir la adhesión de la ciudadanía y de los agentes institucionales,
económicos y sociales. Además, procura la proyección externa de la ciudad y de
su modelo de futuro. Para todo ello se estructuran ciertas formas organizativas
más o menos colegiadas y el desarrollo de mecanismos comunicacionales y de
marketing (Borja y Castells, 1997:166). La planificación estratégica es
consensuada o concertada, elabora estrategias o programas complejos y proyectos
viables, anima a la participación de la población y, generalmente, conlleva la
reforma de la propia administración que lo promueve. Permite combinar objetivos
deseables con oportunidades puntuales, organiza lobbies ciudadanos para
reivindicar competencias, recursos o actuaciones favorables de los poderes del
Estado, y promueve la autoestima de la población y una imagen positiva de la
ciudad y de su gobierno local.
a)
La
intervención pública: cambios en el papel planificador de la administración
local.
La planificación estratégica urbana se constata
que la Administración Pública y, en particular, la Administración Local, hacen
una apuesta explícita por una planificación de carácter global: económica,
social, cultural y territorial. Puede parecer una consideración obvia a primera
vista, pero no lo es tanto si recordamos que hasta hace relativamente poco se
producía un dominio casi exclusivo de la planificación sectorial y del
planeamiento territorial, cuya figura primordial lo constituyen los planes
generales de ordenación urbana.
La Administración Local asume un nuevo papel
protagonista en el desarrollo local, desempeñando un rol básico articulador‐promotor
de actores y esfuerzos institucionales, económicos
y sociales que contribuyan al desarrollo. Pero este cambio de papel respecto a
la planificación tradicional urbana, aun suponiendo un salto sustancial que
debe ser resaltado, incluye otro rasgo básico relevante. La cuestión principal
no se refiere a tal función. Lo fundamental radica en determinar qué fuerzas,
es decir, qué actores son los que intervienen, con qué capacidad de acción, en
qué momentos del proceso y cómo se legitiman las decisiones. Un asunto
ineludible si no olvidamos que las comunidades locales se hallan estructuradas por
una diversidad jerárquica de actores en conflicto, y con una capacidad dispar
de acción en defensa de sus respectivos intereses.
b)
Perspectiva
empresarial
Otra característica básica de la planificación
estratégica lo constituye la gestión flexible, diversificada, asumida por
varios de los afectados, que caracteriza a la organización empresarial moderna.
La planificación estratégica se entiende como producción, gestión eficaz y
éxito competitivo, pero aplicadas ahora al desarrollo local de las ciudades. Se
maneja una concepción global y articulada de la ciudad, al modo de una empresa,
que debe desarrollar ventajas económicas comparativas respecto a otras
ciudades, de modo que se consiga la integración competitiva del territorio en
el mercado global. Bajo esta perspectiva empresarial moderna de la
planificación estratégica, no resulta extraño que las acciones se concentren en
inversiones en capital, información, conocimiento y cualificación del capital humano.
Pero dado que la ciudad no es una empresa y que
se halla constituida por un conjunto de actores en interacción y en conflicto,
el papel protagonista de la Administración se ha de centrar en la promoción del
consenso, en la dirección y gestión colegiada, en la minimización de los
conflictos inherentes a las relaciones e intereses de los actores. De este
modo, la apelación al consenso y al cambio en las formas de gestión de la
Administración Pública se convierte, en la práctica, en un instrumento de dominación
de los agentes económicos hegemónicos frente a la protesta o el malestar de los
sectores sociales afectados por el modelo productivo.
c)
La
publicidad y el discurso dominante
Las técnicas de publicidad y de marketing
sirven para aumentar el control comunicativo, para facilitar la dominación
simbólica a través de mensajes impactantes sobre el desarrollo local. Por ello,
es fácil entender que entre las ideas que se transmiten en las campañas
publicitarias, ocupe un lugar principal el discurso ideológico de la
inevitabilidad de la globalización y la consiguiente competencia entre
territorios, así como la adhesión ineludible a valores productivistas y
mercantilizadores. De este modo, lo que es un discurso ideológico al servicio
de un modelo productivo neoliberal, que beneficia exclusivamente a ciertos
agentes económicos y a ciertos territorios, se transmite como el único modelo
de desarrollo viable y racionalmente irrefutable.
d)
Consenso
versus participación
La gestión de los programas o de los proyectos
estratégicos se asume como una obligación pública que requiere en cada caso de
formas específicas, y que comporta la cooperación con otros actores públicos y privados.
A este respecto, parece claro que el consenso mitiga la incertidumbre y las
probabilidades de fracaso de los planes y que facilita la confluencia sinérgica
de iniciativas públicas y privadas. También es cierto que racionaliza y
compromete en la planificación a los agentes económicos. Pero parece obviar un hecho
fundamental de la interacción social: la diversidad de intereses y la
conflictividad entre estrategias de mercado, intereses de las multinacionales,
organizaciones y grupos sociales, partidos políticos y poderes públicos de las
diferentes administraciones, etc. Por ello, en los casos donde se ha producido
una participación significativa de la población, más que de consenso o
concertación podemos hablar de pacto social entre una diversidad de sujetos, ya
que la idea de pacto hace referencia a líneas y actores en conflicto, pero
abocados a la consecución de acuerdos en función de las capacidades
particulares de negociación.
e)
El
desarrollo sostenible como retorica maquilladora
El desarrollo sostenible, se ha convertido en
los últimos tiempos en un slogan al que no escapan ninguna de las propuestas de
desarrollo, cualquiera que sea el ámbito de aplicación o el promotor que las
impulse. También la planificación estratégica recoge este discurso y lo coloca
como objetivo prioritario.
El concepto de sostenibilidad no es aplicable
exclusivamente a los factores naturales, al medio ambiente físico, sino que
incluye también integración social, reducción del desempleo y la pobreza, acceso
a la vivienda y los servicios, inclusión social. En este sentido, la
planificación estratégica, aunque a nivel retórico se plantea tales objetivos,
tiende generalmente a negarlos mediante las políticas que exaltan la
competitividad, la fragmentación y la exclusión social. Y todo ello avalado por
la noción de desarrollo sostenible, que se concibe en el marco del discurso
económico clásico, de modo que no sólo se abstrae de las dimensiones y de las
consecuencias naturales, sino también de las sociales.
Otros enfoques y practicas: Planificación
estratégica.
En general, se pueden agrupar como un conjunto
de ideas y prácticas de desarrollo local, impulsadas por entidades públicas y
sociales, que coinciden con la planificación estratégica en reconocer el papel
de los gobiernos locales como sujetos activos del desarrollo local integral. Se
enfatiza la capacidad de planificar y gestionar por parte de la ciudadanía, y
se procura la organización de los sectores excluidos como una fuerza social y
económica estratégica.
En este tipo de planificación se subraya el
aspecto de extensión o profundización de la democracia, en términos políticos y
económicos. Como elementos característicos se distinguen la construcción de
espacios de participación popular en la gestión local, en el ejercicio de una
ciudadanía activa y en el control sobre la Administración Pública, con la vista
puesta en la construcción de una nueva cultura política y ecológica.
Para ello, no se establece un modelo de
desarrollo determinado y un sistema de representación pública concreto. Más
bien se aplican metodologías que impulsan la implicación activa de los
ciudadanos, el pacto entre actores que defienden intereses dispares, y la
construcción colectiva del conocimiento, la planificación y la ejecución de lo
acordado.
Podemos sintetizarlo en la idea de que la
complejidad de la realidad social no permite pronosticar resultados con certeza
ni elaborar modelos de desarrollo definitivos. Se puede proponer un modelo
provisional de futuro de la región o de la ciudad, y establecer líneas
estratégicas de actuación y proyectos que las materialicen, pero resulta
imposible contar con seguridades respecto al proceso, los resultados y los
efectos no deseados. Sin embargo, la complejidad y la incertidumbre se
convierten en retos apasionantes que nos conducen a implicarnos en procesos
creativos y alternativos.
Por ello mismo, no queremos ni creemos
conveniente dar recetas, sino abrir caminos de reflexión y acción, que permitan
construir respuestas alternativas a las lógicas de planificación dominantes. No
planteamos un modelo o diseño completo que garantice la justicia y la equidad,
sino algunas propuestas que facilitan la consecución de esos objetivos a través
de la planificación participativa en el desarrollo local.
Bibliografía
De la Torre Pillajo, G. N. (2014). Propuesta de
articulación multinivel de los instrumentos de planificación a partir de las
metodologías ART/PNUD y SENPLADES, Tesis previa a la obtención del título de
Magister en Desarrollo Regional y Planificación Territorial. Quito,
Pichincha, Ecuador.
Pauta Calle, F. (2013). Ordenación Territorial y
Urbanística: Un camino para su aplicación en el Ecuador. Cuenca:
Universidad de Cuenca.
Suing Nagua, J. (2016). La región autónoma y el
gobierno regional autónomo en la nueva estructura del Estado ecuatoriano.
Quito.
Arbol
de Problemas: artículo Herramientas para planificar el desarrollo: un Sistema de
Información Territorial con enfoque de cadena de valor de Nora Lis Cavuoto.
Ensayo critico: documento de la CEPAL Las
estrategias de participación ciudadana en los procesos de planificación
multiescalar.
La planificación multiescalar participativa
está estrechamente vinculada a los modelos de gobernanza a los que se hace
referencia en la actualidad. La gobernanza reclama hoy la articulación entre
diversos tipos de agentes, el diálogo y los acuerdos como prácticas
democráticas y la posibilidad de generar pactos que por su propia naturaleza
política, acuerden visiones de conjunto acerca del modelo de sociedad que se
quiere consolidar.
Es en ese sentido que ha tomado fuerza el
concepto de gobernanza multiescalar, que la Unión Europea define como “la
acción coordinada de la unión, los Estados miembros y los entes regionales y locales,
basada en la asociación y destinada a elaborar y aplicar las políticas de la
Unión”
En ese marco, la coordinación entre niveles
asume un rol distintivo. Por lo tanto, la planificación multiescalar es
entendida como expresión de objetivos, estrategias y o prioridades que se
desarrollan entre niveles del Estado, bajo la lógica de una coordinación y
articulación coherente, alineada e integral.
La posibilidad de diálogo entre diversos
agentes que representan posiciones de poder variables es un componente
fundamental en procesos democráticos para lograr cambios estructurales y
construir sociedades que garanticen derechos humanos y calidad de vida.
El concepto de ciudadanía es multitemático pero
contiene al menos cuatro elementos clave.
En primer lugar, el concepto de ciudadanía se
relaciona al de soberanía. La soberanía radica en el pueblo de una nación y por
lo tanto es su portadora. Esto quiere decir que la ciudadanía es el núcleo de la
sociedad y de la comunidad política. Este atributo significa que la ciudadanía
es el único ente que tiene la legitimidad de elegir a sus gobernantes. Cada vez
que los ciudadanos ejercen su derecho a voto en una elección determinada,
delegan el ejercicio de la soberanía en sus representantes, quienes de acuerdo
a la constitución deben trabajar por el bien común de la sociedad.
En segundo lugar, el concepto de ciudadanía
reconoce que los y las ciudadanos son iguales frente a la Ley y por lo tanto
deben recibir el mismo trato, independiente de su condición económica, social,
cultural, territorial, entre otras.
En tercer lugar, el concepto de ciudadanía
remite a la calidad de sujetos de derecho frente al Estado. Un aspecto
fundamental de la teoría política es que aquello que es un derecho para la
ciudadanía se constituye en una obligación para el Estado y, por lo tanto, éste
debe procurar los recursos humanos y económicos necesarios para otorgar las
condiciones mínimas que permitan concretar la satisfacción de estos derechos.
Bajo este enfoque, el Estado debe velar por garantizar las condiciones para que
la ciudadanía pueda ejercer sus derechos, desde los civiles y políticos hasta
los económicos, sociales y culturales.
En cuarto lugar, pero no por eso menos
importante, el concepto de ciudadanía se relaciona con el de participación, en
el sentido que si la ciudadanía es la soberana, por lo tanto, es la llamada a
ser parte de la toma de decisiones, lo cual se realiza a través de las
instituciones democráticas.
El espacio público necesita protagonistas y
líderes convencidos de la relación directa entre el bienestar colectivo e
individual. El espacio público tiene que ser apropiado por las personas y sus
formas de organización para lograr ser parte del debate y la toma de decisiones
sobre los asuntos públicos. La instancia en la cual se generan procesos de planificación
es uno de los espacios donde convergen diferentes actores para abordar asuntos
públicos.
Toda estrategia de participación ciudadana en
un proceso de planificación debe enmarcarse en un conjunto de principios, los
cuales proveen una orientación estratégica al momento de tomar definiciones metodológicas
sobre cómo organizar el proceso de participación.
Estos principios son los de:
1.
Principio
de transparencia y acceso a la información.
2.
Voluntariedad.
3.
No
exclusión.
4.
Equidad.
5.
Reconocimiento
y respeto por la diversidad.
6.
Receptividad.
La participación ciudadana puede darse con
distintos niveles de involucramiento de la ciudadanía y el grado de influencia
que tienen las opiniones y propuestas ciudadanas en la toma de decisión
respecto del asunto público que se trate.
Este manual propone distinguir los siguientes
niveles:
1.
Nivel
informativo.
2.
Nivel
consultivo.
3.
Nivel
decisorio.
4.
Nivel
cogestión.
La planificación multiescalar, al entenderse
como un instrumento de la gobernanza multiescalar asume los siguientes principios:
§ El principio de subsidiaridad entre niveles del
Estado, entendida como la acción de situar las decisiones en el nivel más
eficaz y próximo posible a los ciudadanos.
§ La asociación flexible y cooperación horizontal
entre territorios, para la generación de iniciativas propias para problemas que
pueden ser comunes.
§ El enfoque integrado para enfrentar los
problemas territoriales, para romper con la resolución de problemas de manera
sectorializada.
§ La interdependencia territorial asumida como el
enfoque de resolución de desafíos que no solo se limitan a las fronteras
administrativas formales.
§ La planificación multiescalar deberá
construirse a partir de instancias participativas.
Los ciudadanos son soberanos que a través de la
democracia representativa y a través de mecanismos de democracia semi-directa,
se involucran en las decisiones que están relacionadas a problemas públicos.
Los países de la región han tomado en
consideración (con distintos niveles de compromiso) la importancia de escuchar
la voz de la gente. El desafío es cómo hacer que esa participación ciudadana pueda
incidir en el diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas.
Para que esa planificación multiescalar
participativa pueda ser realidad en los países de la región, deben darse
condiciones mínimas:
§ Los espacios territoriales deben poder
trascender las tradicionales divisiones político-administrativas. A veces se
requiere subdividir un territorio de acuerdo con las diversidades económicas,
sociales, culturales que se presentan en escalas inferiores. Por ejemplo, territorios
rurales pueden requerir un proceso distinto al de territorios urbanos del que
forman parte en la división política-administrativa. En otras instancias, se
requiere combinar divisiones político-administrativas para reconocer una
historia y cultura común, compartir servicios y problemas.
§ La descentralización de competencias, las
decisiones de qué y cuánto descentralizar en competencias dependerá del
contexto, respetando el principio de subsidiariedad.
§ Una tercera condición es la descentralización
de recursos financieros y humanos. Todo recorte territorial en que se quiera
generar un proceso de planificación participativa requiere competencias,
recursos económicos y personal capacitado para tal fin.
§ La cuarta condición es la disponibilidad de
capacidades del personal técnico y político, encargado de estos procesos, para
que puedan llevarlos adelante con rigurosidad.
§ Y por último, se debe fortalecer la práctica de
generar, sistematizar y usar información de los propios territorios, para saber
con qué se cuenta, hacia donde, por qué y para qué se requiere dirigir la
atención hacia esa dirección y cuáles serán los mecanismos para monitorear la marcha
de la planificación.
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